PIEL DE GALLINA. SABRINA MONTIEL-SOTO

Por Aixa Sánchez

 

¿Cómo leer Piel de Gallina? ¿Desde qué sitio y con cuáles herramientas? Uso la palabra leer no como un lugar común en la escritura de arte sino porque Piel de Gallina es un relato estructurado en obras.

Si bien Sabrina Montiel-Soto (Maracaibo, Venezuela, 1969) es una artista multidisciplinaria que ha desarrollado su obra a través de piezas audiovisuales, sonoras, instalaciones, esculturas, objetos, fotografías, textos, collages, toda aproximación a su obra requiere tomar en consideración que ella es una artista proyectada desde el cine con una clara vocación para la fabulación.

Formada en ese medio, tanto profesional como académicamente, desde sus inicios la creación de situaciones desconcertantes, de ficciones delirantes, se revela como una tendencia en su trabajo, el cual progresivamente se fue haciendo cada vez más experimental al tratar de desprenderse de la necesidad de apelar a estructuras narrativas para desarrollar historias en su totalidad y enfocarse, más bien, en trabajar el tiempo como una noción articuladora de su obra a partir de la acentuación del instante, de la fragmentación del relato, de la construcción de “momentos decisivos”. En este sentido es importante señalar que dentro de esta línea de trabajo incursionó en el uso del 3D y de proyecciones múltiples para el desarrollo de complejas instalaciones inmersivas de video, que definieron por un período importante su expresión artística.

No obstante, paralelamente y a contracorriente de las exigencias que estas producciones demandaban, Montiel-Soto comenzó a realizar una obra en solitario a partir de sencillos elementos recabados en su paso por el mundo. El trabajo que desde entonces ha desarrollado está atravesado por múltiples inquietudes, metodologías de trabajo y resoluciones formales.

Cuando se canta se está donde se está

Post-it

 

Todo está por terminar

Post-it

 

La práctica artística de Sabrina Montiel-Soto parece querer situarse en zonas imprecisas a través de desplazamientos de sentidos que alojan proposiciones en apariencia contradictorias, antagónicas, inconexas, absurdas o sencillamente inusitadas. De allí que el recurso de la ficción sea el que le permita tanto la formalización de sus piezas –en su hibridación continua de géneros, medios y soportes– como poner en convivencia sus intereses vitales con las diferentes culturas, realidades, imágenes y discursos que en la actualidad se han hecho visibles en el contexto de un mundo globalizado.

De allí que la reiterada presencia y uso de objetos tenga una particular relevancia en su trabajo, ya que ellos funcionan como portadores tanto de sus propios significados como de los que les ha reasignado la artista. Para Montiel-Soto el objeto funciona como memoria personal en tanto índice de un tránsito, testimonio de una experiencia, forma de autoconocimiento, mecanismo de reconexión emocional e identitaria, pero también como portavoz de una memoria colectiva en función de su vinculación con la cultura que lo ha producido. De ese perpetuo acto de recolección que la artista ha emprendido como práctica de vida, de esa suerte de trabajo de campo a escala global que ha venido llevando a cabo a lo largo de los años, sin ánimos de establecer “taxonomías” podríamos ensayar categorías como: objetos provenientes de la naturaleza, religiosos, de culturas indígenas, exóticos, souvenirs, familiares, identitarios, impresos, cotidianos, juguetes, rompecabezas.

Con este cúmulo de objetos y su acentuada disposición a trabajar con el espacio, Sabrina Montiel-Soto ha llevado adelante una obra compleja en operaciones y sencilla en apariencia. Con austeridad de recursos materiales la artista ha logrado desarrollar un trabajo íntimo en el que genuina y desenfadadamente se ha permitido manifestar emociones, dudas, opiniones, anhelos, convocar al inconsciente y plantear inéditas asociaciones con un muy peculiar sentido del humor que bordea el absurdo, para hablar desde el yo de la condición humana.

Importa por ello señalar que en numerosas ocasiones la artista ha manifestado su interés por la ciencia y sus protocolos de trabajo, los cuales desde la libertad que le confiere el campo del arte ha adaptado en diferentes oportunidades para llevar adelante sus proyectos. Conviene también indicar el protagonismo que tiene en su obra el proceso de investigación como método de trabajo y su particular afinidad por los temas relacionados con las culturas primitivas, sus cosmogonías y rituales, los cuales desarrolla no en clave antropológica desde una mirada ajena, distante y exotizante hacia el otro sino desde una profunda empatía y necesidad de comprensión de aquellas formas de existencia humana que han sido relegadas o subyugadas por las narrativas dominantes del mundo occidental.

Dentro de esta línea, en el transcurso de los dos últimos años la artista ha venido desarrollando un trabajo de investigación en el Musée Royal de l’Afrique Centrale en Tervuren, Bélgica, donde ha podido trabajar con los registros de la institución, en particular con la colección de objetos etnográficos de Venezuela, para estudiar la mirada de las instituciones europeas en sus procesos de colonización, sus sistemas de clasificación y el cambio de uso asignados a los objetos al ser extraídos de sus contextos originales.

Piel de Gallina es la más reciente exposición individual de Sabrina Montiel-Soto; la materialización de un proyecto expositivo que se construye a partir de una distancia. Por ello es pertinente emplazar sus coordenadas geográficas: en Piel de Gallina la artista habla de un territorio –Venezuela, su país natal– en un lugar preciso –el MACZUL de Maracaibo– desde Bruselas, la ciudad donde vive.

Tras un año de intensos conflictos políticos en Venezuela que han clausurado las expectativas de vida de la Nación y en la Nación ¿cómo hacer una exposición en Venezuela? ¿cómo hablar desde la distancia de un país arrasado, secuestrado, sometido, aniquilado? son las preguntas que inquietan a la artista. Esta última interrogante, que atraviesa a muchos de los que forman parte del reciente fenómeno de la diáspora venezolana, en Sabrina Montiel-Soto se manifiesta como un doble distanciamiento que viene dado no solo por un aspecto territorial sino también por uno temporal. Su tiempo distante coincide con el del proyecto de la “Revolución”, es precisamente en 1998 cuando la artista inicia sus estudios de cine en París y desde entonces vive en Europa.

Por ello, cuando la artista se pregunta cómo hablar en estos momentos de su país, y en su país, lo hace a conciencia de que la suya es una experiencia mediada, condicionada por otras lecturas, y es por esta razón que ha querido proponer una aproximación íntima y personal, armarse una historia en la que se entrecrucen sus vínculos familiares, las visiones estereotipadas foráneas, la denuncia de la violencia, y aventurarse a manifestar sus deseos y propuestas para la resolución del conflicto.

Sin embargo, no es la primera vez que la artista trabaja con su país. En sus instalaciones y piezas escultóricas frecuentemente se pueden encontrar objetos que llevan consigo un marcado acento local –provenientes de su cultura “exótica”– para burlar los estereotipos. También es importante señalar que en 2015 realizó en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo una exposición titulada Prototipos didácticos, la cual estructuró a partir de las percepciones que sobre el país tenían un grupo de niños provenientes de diferentes escuelas de Maracaibo, y en 2014 en la Scuola Internazionale di Grafica de Venecia presentó la exhibición La pequeña Venecia y otras realidades posibles en la que a partir de la conocida asociación Venecia-Maracaibo, que pretendidamente le dio el nombre a Venezuela, abordó el tema de la identidad nacional y le permitió ejecutar un proceso inverso de colonización a través de la ocupación simbólica y cultural del territorio veneciano.

 

Adaptación III

RC satinado, 300gr, 30 x 45 cm

Adaptación II

RC satinado, 300gr, 30 x 45 cm

 

En esta ocasión, para Piel de Gallina Sabrina Montiel-Soto ha apelado a los recursos a su disposición: una avalancha de informaciones noticiosas, el ejercicio de la memoria, el intercambio con sus afectos, el cuestionamiento de sus creencias y saberes, sus experiencias de viaje, la versatilidad de su práctica artística, y las enormes carencias del contexto donde expone. En este sentido, Piel de Gallina es una exposición de lo mínimo y con lo mínimo; una propuesta expositiva, a la vez que ejercicio de ficción, que se inicia con un “viaje de vuelta”, con una travesía de objetos colocados en El Contenedor –un tubo de 10 x 68 cm– para ser instalados en la Sala 3 del MACZUL. En él han sido transportados fotografías, post-its y un grupo de objetos, entre ellos un mantel, un hueso de pollo, unos dientes, unas flechas, unas chinas, los cachos de un becerro, una culebra de plástico, un trompo, una mano de yeso, una carta y un par de ídolos precolombinos. Junto a otros elementos locales como una pintura realizada por su madre, arena de playa, frutas, tubérculos y el propio espacio, Sabrina Montiel-Soto ha querido tomar posición y reconstruir el vínculo con ese país que no solo se desvanece de la memoria personal y colectiva por el paso natural del tiempo, sino por los efectos de un sistemático proyecto político de destrucción.

El Contenedor

Plástico, arena de playa, 10 x 68 cm

 

Es así como con una economía de recursos, deliberadamente asumida por la creadora en su práctica artística y ahora llevados al extremo, Piel de Gallina puede ser entendida como una metáfora de las dramáticas carencias de su país al incorporar las limitaciones y penurias de los espacios institucionales para el arte en Venezuela. De allí que Sabrina Montiel-Soto haya apelado a hacer evidente las enormes dimensiones del espacio expositivo para trabajar un espaciamiento que logre realzar el vacío. Así, cada mínimo elemento dispuesto en sala adquiere un carácter monumental en presencia y significado.

Sin embargo, en Piel de Gallina nada es evidente. En el recorrido que la artista ha trazado para los espectadores, en ese meticuloso trabajo con el espacio que ha diseñado desde la distancia, van apareciendo “situaciones de significación”. Con ello me refiero al conjunto de objetos escultóricos, imágenes fotográficas y obras que a manera de post-its dicen cosas como “cuando se canta se está donde se está”, “todo termina / por terminar”, “absoluta libertad”- que se complementan con las referencias textuales que la artista propone en los títulos de sus piezas: Adaptación / Renacer / Al blanco / La baja / Se le subestima / La última carta.

 

Renacer Patata dulce, RC satinado, 300gr, 45 x 30 cm

 

La baja

Madera, elástica, papas germinadas, 8 x 35 cm

 

La última carta Yeso, carta, 11 x 24 cm

 

Los dientes perdidos

Dientes, resina, halambre, 6 x 1 cm

 

La exposición cierra en la Sala Multimedia con una proyección a gran escala del video titulado Diálogo sin palabras; una pieza sobrecogedora que nos suspende en un registro temporal en el que la vida humana se presenta en su simplicidad, en el que la naturaleza se impone como un fuerza indomable frente a la inestable voluntad del hombre y en el que lo animal repite sus ciclos vitales sin prisa, sin pausa.

Dialogo sin Palabras

Vídeo, color, audio, 8min48, 2017

 

Como si de un juego interactivo se tratara, importa entender esta enigmática Piel de Gallina como una exposición-relato, como una ficción de la artista, que propone múltiples posibilidades de acceso, recorrido y significación; como una experiencia expositiva que invita desde el silencio y el vacío a la construcción de tantas historias como espectadores haya dispuestos a construirlas.

 

Aixa Sánchez

Noviembre 2017

 

Imágenes cortesía de Sabrina Montiel-Soto

 

Piel de gallina se expone en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia MACZUL

Sala 3 Multimedia

Maracaibo, Venezuela

 

 

 

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