Después de la identidad: cuerpo e in-disciplina

Por Félix Suazo

 

María Teresa Hincapié. Vitrina, Primer Encuentro Latinoamericano de Teatro Popular, Bogotá,

 

Identidad y control

El concepto de identidad tiene dos caras; una que funciona como reafirmación del “yo” frente a la alteridad y otra reductora que permite la estructuración de estereotipos humanos y sociales. La dos son construcciones más o menos útiles, más o menos nocivas. Ambas tienen que ver con el control de sí o de los otros. Todo el mundo es lo que cree ser, pero nadie es lo que parece ser. Cuando alguien dice “yo soy” lo que esta afirmando es que tiene el control de sus actos y que estos son “propios”. Pero el ” yo soy” no es más que la edición parcial de un sujeto esquizoide que puede construir a voluntad (propia o de otros) el rol que desempeña. Entonces, no hablemos de identidad. Hablemos, como en la tragedia antigua, de acciones y de flujos que organizan cuerpos, de otredades asimiladas y de yoes en colisión. Hablemos de cómo la acción es ya un ethos y de cómo el deseo se adhiere a las representaciones. Hablemos de la acción como práctica significante.

Desde esa óptica se proyectan una serie de proposiciones artísticas que encaran el problema de los constructos identitarios (género, etnia, cultura), concentrando su atención en el lenguaje performático e intentando hacer visible el lugar del sujeto frente a las narrativas canónicas que condicionan o definen la dinámica de los comportamientos en la sociedad contemporánea y especialmente en el vasto y heterogéneo conglomerado que abarca la cultura latinoamericana, dentro y fuera del continente. El cuerpo es ese lugar de cruce entre fuerzas beligerantes -biológicas, éticas, políticas, económicas- que pugnan por delinear las conductas o circunscribirlas a patrones más o menos predecibles. El cuerpo es la tierra, pero también el cosmos; es la materia y también el imaginario; es el sintagma que aglutina las acciones y las expectativas de sujetos y grupos en sus respectivos contextos.
Se podría decir que este es el desenlace reciente de una genealogía identitaria que se definió sucesivamente como “mestiza”, “híbrida” y “multicultural”, que empezó buscando lo “autóctono” o “vernáculo” en la candidez de lo salvaje (Ver “Ariel” de José Enrique Rodó y “La raza cósmica” de José Vasconcelos), que luego se apropió de lo ajeno en las tentativas de modernización (ver la Antropofagia brasileña) y que finalmente se desdibujó en la espumosa homogeneidad de la era global (Ver “Culturas híbridas” de Néstor García Canclini). Entre tanto los cuerpos -esos que se amontonan en ciudades inhóspitas, que son cercenados por la violencia, que emigran o que permanecen apegados al sueño de una naturaleza arcádica-  siguen gravitando sobre situaciones y desafíos concretos, algunos favorables, muchos hostiles. De eso hablan las propuestas que comentaremos a continuación.

Artistas como Elia Arce, Teresa Margolles, Carolina Caycedo, María Teresa Hincapié, Tania Bruguera, Regina José Galindo, Argelia Bravo, Sandra Vivas, Deborah Castillo y Érika Ordosgoitti abordan el cuerpo como lugar de inscripción de ignominias, miedos y rebeldías. Aceptan el peligro físico y mental de reconstruir y escenificar la violencia, la omisión, el desamparo; generalmente desde una perspectiva de género. Lo que presentan en sus acciones, tanto en vivo como en vídeos y foto-registros, no son “yoes” adscritos a identidades abstractas, sino situaciones y comportamientos encarnados, específicos. Ellas “son” lo que padecen y lo que desean, más allá de los roles y las disciplinas que circunscriben sus identidades sociales. De ahí la diferencia entre “re-presentar” y “actuar” lo que se es; entre “re-crear” y “compartir” una experiencia que siempre es personal, pero también política.

Elia Arce. El discurso del balcón,2012

 

Activa desde 1986, Elia Arce (Costa Rica, 1961) se desempeña fluidamente en las áreas de performance, teatro experimental, video, poesía e instalación, además de ser activista cultural. Su obra explora la identidad personal y cultural. Sobre la diversidad de medios empleados en su obra comenta: “Luché mucho contra esos demonios. Creo que uno le da nombres a las cosas para poderlas entender, pero cuando uno nombra algo lo está reduciendo”[1]. En el performance El discurso del balcón (2012) plantea una fuerte crítica a la demagogia política, en una larga alocución con traje formal, collar de perlas y gestos solemnes durante la cual sólo se escuchó la palabra “compañeros” en todas sus declinaciones: compas, compañeras y sinpañeros[2].


Teresa Margolles. A través de, 2011

 

Oriunda de Sinaloa, México (1963), Teresa Margolles investiga los efectos de la violencia sobre el cuerpo, utilizando técnicas de recolección forense, procesando imágenes, objetos y fluidos que luego emplea en sus acciones e instalaciones. Sangre, fragmentos orgánicos de personas y animales, agua, son algunos de los materiales que utiliza en su propuesta donde no sólo trabaja el problema de la desaparición física, sino sus causas y consecuencias. El cuerpo muerto –sostiene- tiene aún una vida, siendo su intención mostrar esa conexión social que no se desprende del occiso después de su fallecimiento. A la muerte no se le tiene miedo, sino a la forma de morir”[3], declaró en 2014.


Carolina Caycedo. Geografías, 2015

 

Carolina Caycedo (Londres, 1978) sitúa la dinámica del cuerpo en una relación de intercambio en el espacio cotidiano. Trabaja   con personas provenientes de diversos entornos socio profesionales, por medio de experiencias accionales centradas en el intercambio material y simbólico, buscando cuestionar los modelos de consumo arraigados en la sociedad global. En su caso, cuerpo y objeto sirven como vínculo de enlace entre las personas. En una entrevista dijo: “… mi trabajo siempre tiene que ver con cosas de la realidad que estoy experimentando o que están sucediendo: creo que es lo que pasa con mi vida como mujer, como una persona con dos nacionalidades. Hay temas sobre la migración, sobre la geopolítica y el movimiento de las personas entre fronteras; la condición de la mujer y la emancipación de la mujer. Pienso que el arte es un espacio cultural en donde se pueden ensayar formas marginales de vida”[4].

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María Teresa Hincapié. Vitrina,1989

 

María Teresa Hincapié (Armenia, Quindio, 1956-Bogota, 2008) enfocó de manera meticulosa y obsesiva la relación entre el cuerpo y las cosas. Sus performances se caracterizan por acciones sencillas y laboriosas como ordenar gran cantidad de objetos en una habitación o realizar largos itinerarios a pie, enalteciendo las tareas metódicas. Dijo alguna vez: “Todas las cosas están solas. Todos estamos solos”

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Tania Bruguera comenta sobre el performance Autosabotaje (2009) en conferencia en la Escuela  Arte y Diseño de la Universidad de  Michigan,  USA, 2013

 

Tania Bruguera (La Habana, 1968) también concibe el arte como una plataforma de encuentro conductual, centrado en diversos aspectos de la sociedad y la política.  En su caso, el cuerpo es un bastión que se presenta en franca tensión frente a los aparatos coercitivos, ya sean ideológicos o materiales. Un arma en la sien, un pelotón castrense al acecho o simplemente un dogma incuestionable pueden detonar la idea del sacrificio y la rebeldía. Sus acciones intentan movilizar la conciencia cívica por medio de la participación crítica: “… soy una artista –dice- que hace arte político y que le interesa estudiar cuál es la función del arte en la sociedad”[5].

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Regina José Galindo. Desierto, 2015

 

Regina José Galindo (Ciudad de Guatemala, 1974) combina el cuerpo y el lenguaje en sus proposiciones accionales y poéticas. Entre los aspectos que trata en su trabajo se encuentran el debate de género, las desigualdades étnicas y sus condicionantes geo-culturales. Sobre su obra “Caminos” (2013) escribió: “Mi cuerpo permanece escondido dentro de un matorral. El cuerpo es un bulto, amarrado con cuatro hilos que son sacados por cuatro mujeres hacia el espacio exterior. Los hilos hacen dibujos por las calles de Antigua Guatemala. El público debe de seguir los hilos para encontrar el cuerpo.”[6]

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Argelia Bravo. Acción en el marco de la exposición “My identity Card o Toronto con chispitas de maní”, El Anexo/Arte Contemporáneo, 2007

 

Vinculada al activismo de género, la propuesta de Argelia Bravo (Caracas, 1962) aborda el impacto de la violencia física y simbólica sobre las construcciones identitarias, asi como el efecto de la globalización sobre la cultura alimentaria. También cuestiona las políticas de representacion social y su incidencia  sobre los modelos de producción y circulación del arte. “Para mi –afirma- el acto artístico es un gesto de impertinencia de carácter político contra la sumisión”[7]

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Sandra Vivas. Cacerolazo unipersonal, 2015

 

La obra de Sandra Vivas (Caracas, 1969) se balancea en los intersticios de la cultura doméstica, el imaginario popular y la reflexión crítica en torno a los roles profesionales y de género. La lactancia, las faenas del hogar, el poder y la seducción, activan narraciones que desafían el marco normativo que regula la conducta de la mujer en la sociedad actual.

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Déborah Castillo. Unmentionable, 2015

 

La propuesta de Déborah Castillo (Caracas, 1971) aborda la relación cuerpo, lenguaje y poder, con un fuerte arraigo en el contexto venezolano. Ella hace oficios ominosos: lame botas militares, acaricia estatuas con lujuria, limpia los recintos del arte, o se divierte con la extravagante fauna que habita el “circo del arte”, adoptando diversas personalidades como la de cachifa[8] sensual, enamorada sumisa y objeto del deseo. Actuar desde la lógica de los simulacros le permite enfocar los aspectos más sórdidos de la sociedad contemporánea: “… como no puedo hacer nada ante la realidad –concluye- entonces hago una parodia de ella”[9].

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Érika Ordosgoitti. ¿Paz a toda costa?. Altamira, Caracas, 2014

 

Érika Ordosgoitti (Caracas, 1980) se enfoca en el cuerpo, el género y la ciudad, una tríada marcada por conflictos y desigualdades de orden simbólico e identitario. Puede deambular desnuda por las riberas de un río pestilente cual si se tratara de una Venus arrojada al vertedero, posar como una heroína al pie de un monumento, escalar estructuras de concreto agrestes o burlarse de los buenos modales que se le exigen a las “niñas bien”.  Cito in extenso su posición: “Me libero de todas estas imposiciones del deber ser femenino (y odio la palabra ‘femenina’ y ‘feminidad’) porque pienso que es mentira todo lo que se le atribuye a la feminidad. Es una imposición. Estas cualidades atribuidas a la feminidad también las tienen los hombres. A la mujer se le impone el ser sensible, el ser madre, el que tienes que verte así y si no te ves así pareces una machorra. Me enfrenté durante mucho tiempo de mi vida a eso: a no ser femenina, a ser marimacho, machorra, fea, cualquier vaina, porque no quiero secarme el cabello ni sacarme las cejas ni quitarme el bigote ni ser una mujercita. Tampoco quiero ser hombre, por supuesto, porque es la otra cara de la misma moneda estúpida. Simplemente, esa vaina de ser mujer se la regalo al mundo. Yo no la quiero”[10]

 

Cuerpo e in-disciplina 

Ninguna de estas artistas “representa” algo o a alguien, excepto a la complejidad subjetiva y simbólica que “presentan” desde sus propios cuerpos, atravesados por pulsiones contradictorias que las colocan en la intersección  de diversos modelos de comportamiento. Tania Bruguera lo enfoca del siguiente modo: “El artista no habla por nadie, el artista imagina las cosas funcionando  desde otras dinámicas. El proceso de presentarle a otros estas dinámicas no es hablar por otros es pensar juntos algunas herramientas”[11]. Son mujeres latinas de alta calificación profesional,  pero también ostentan la condición de artistas que  han experimentado lo que significa ser  emigrantes,  y lo que implica vivir o haberse desenvuelto en entornos de violencia, desigualdad, sexismo y autoritarismo. Precisamente por ello, sus proposiciones y acciones, exceden los estereotipos identitarios e incluso los cuestionan.

La lógica de la identidad tiene su origen en la dicotomía entre el “yo” y la alteridad, el nosotros y los otros, nociones que se afianzan en una historia del exclusiones traumáticas. Pero buscando un terreno de afirmación para ese yo/nosotros postergado/s finalmente lo que realmente se ha encontrado es un sujeto esquizoide, post-edípico al decir de Deleuze y Guattari,  que puede ser esto y lo otro al mismo tiempo. Es decir, un “yo” des-sustancializado pero actuante desde el punto de vista corporal y simbólico. Lo que tenemos entonces, son sujetos localizados físicamente que interactúan  en contextos, entrando y saliendo de la dinámica de los estereotipos, a veces en un juego explícito con dichos significados, pero en otras oportunidades encarnando espontáneamente el tipo de comportamiento esperado.

El cuerpo actuante ya no busca la sanación del trauma, sino su visibilización como estrategia de reparación ante las políticas de omisión o de ocultamiento, tanto al interior del sujeto como desde el exterior. Mostrar aquello que es incómodo o extraño a la mirada propia o pública, es ya un gesto de reivindicación activa.

Las políticas de la identidad que se articulan desde el poder se basan en el control de los cuerpos, en su  disciplinamiento, ya sea estadístico o taxonómico. De ahí que gran parte de las tentativas de revisión de esta dinámica tiendan a exceder los modelos disciplinarios creados y fundamentados desde el saber moderno: la antropología para investigar a “los otros”, la sociología para explicar el comportamiento de las masas, la psicología y la psiquiatría para escrutar las desviaciones de la norma, etc. Frente a ello se opone lo transdisciplinar, lo holístico; es decir: la in-disciplina.  Carolina Caycedo lo describe así: “No estoy pegada a ninguna técnica (…) navego por diferentes medios”[12], mientras Déborah Castillo afirma: “Me interesa que mi trabajo sea difícil de catalogar, es algo que busco generar”[13].

Desde esa perspectiva el cuerpo no es sólo carne o alteridad sufriente, sino algo concreto e indiviso. Un corte de flujos, como dirían Deleuze y Guattari. A propósito de ello, muchas prácticas de creación en Latinoamérica, se desenvuelven como tentativas orientadas a desatar la trama normativa que atenaza el devenir del deseo. El cuerpo, simplemente, es el señuelo y la última guarida de una identidad que siempre está en otra parte.

Para concluir, me permito un cambio de tono y cito a Guillermo Gómez Peña, Border Brujo, “mestizo transgénico” y artífice de las identidades mutantes, quien afirma en su Hamlet chilango (México D.F. , 1970): “soy o estoy / simplemente untado / a mi cuerpo/ como la mantequilla al Bimbo?”[14]

 

Caracas, julio de 2016

 

[1] Melvin Molina. Elia Arce exploró identidad del tico.NACION.COM. Costa Rica, domingo 28 de abril de 2009. http://wvw.nacion.com/viva/2009/abril/26/viva1944312.html

[2] El discurso del balcón (video): https://www.youtube.com/watch?v=aCkfxcU3IiE

[3] Teresa Margolles: “Apuesto por un arte vivo y crítico”. El cultural, 18-02-2014.

http://www.elcultural.com/noticias/arte/Teresa-Margolles-Apuesto-por-un-arte-vivo-y-critico/5922

[4] Ordoñez, Iván. Carolina Caycedo. Entrevistas con artistas, 24-1-2012 https://privadoentrevistas.wordpress.com/2012/01/24/carolina-caycedo/

[5] Entrevista a Tania Bruguera: “Ellos han perdido una oportunidad única”, 1-1-2015

http://www.martinoticias.com/a/entrevista-a-tania-bruguera-ellos-han-perdido-una-oportunidad-unica/83423.html

[6] http://www.reginajosegalindo.com/

[7] Rodríguez, Albeley. Argelia Bravo, artista transindisciplinaria para un arte impertinente (entrevista). Latinart.com, 20-09-2010. http://www.latinart.com/spanish/transcript.cfm?id=107

[8] Término utilizado en Venezuela para referirse a las empleadas domésticas

[9] Méndez, Carmen Victoria. Déborah Castillo parodia la realidad nacional. El nacional, 26-2-2013

http://www.el-nacional.com/escenas/Deborah-Castillo-parodia-realidad-nacional_0_143388105.html

[10] Tiniacos, Natasha. Érika Ordosgoitti. Inmune al abismo. Backroomcaracas, 23-3-2015 http://backroomcaracas.com/erika-ordosgoitti-inmune-al-abismo/

[11] Menéndez-Conde, Ernesto. Arte útil. Una entrevista con Tania Bruguera. (2014). Reproducido en: http://www.taniabruguera.com/cms/6961ARTE+TIL+una+entrevista+con+Tania+Bruguera.htm

[12] Ordoñez, Iván. Carolina Caycedo. Entrevistas con artistas, 24-1-2012 https://privadoentrevistas.wordpress.com/2012/01/24/carolina-caycedo/

[13] Déborah Castillo desde el umbral. Viceversa, 26-4-2015

[14] Gómez Peña, Guillermo. Bitácora del cruce (Textos poéticos para accionar, ritos fronterizos, videografitis y otras rolas y roles. Fondo de Cultura Económica, México DF, 2006. p. 42

 

 

El documento y las imágenes son cortesía de Felix Suazo exclusivamente para Tráfico Visual.

 

 

 

 

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